Vídeo YouTube: La detención del fundador de Megaupload, Kim Dotcom, da la vuelta al mundo

Las cámaras de seguridad de los helicópteros que colaboraron en la detención del fundador de Megaupload, Kim ‘Dotcom’, grabaron un vídeo del arresto que ha sido emitido por la cadena neozelandesa 3News. El vídeo ha recibido más de 700.000 visitas en YouTube y cuenta con más de 200 páginas de comentarios de los usuarios en poco más de 24 horas.

Las imágenes muestran el aterrizaje del helicóptero policial en el jardín de la mansión de ‘Dotcom’, donde se encontraba él junto a su familia y otros miembros de la página de descargas vetada por el FBI, Megaupload. El famoso informático ha asegurado que su arresto fue ejecutado con violencia y que incluso llegó a recibir un puñetazo y varias patadas de un policía. “Les dije que no hacía falta hacerme daño”, ha contado ‘Dotcom’.

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Kim Dotcom después de ser arrestado

La Policía, en respuesta a las acusaciones del imputado, ha alegado que a su llegada a la casa se encontraba armado, opuso resistencia y amenazaba con matar. Durante la detención del alemán, se utilizaron dos helicópteros, cuatro coches patruya y un gran número de agentes armados con rifles de asalto y perros policía.

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Spotify en España: ¿gana el streaming a la piratería?

Más de tres años después del aterrizaje del servicio en España, la firma asegura que cada vez tienen más usuarios premium. ¿Logrará acabar con la piratería?

Menos de un año después de lograr por fin aterrizar en Estados Unidos, a Spotify, el servicio sueco de música en streaming, parece no irle nada mal. Las discográficas, además, tendrían razones para estar contentas tras las reticencias iniciales: según se sabía hace un par de semanas, Spotify sería ya la segunda fuente de ingresos para discográficas en Estados Unidos.

¿Cómo le va en otros países en los que lleva más tiempo? ¿Están volcándose los usuarios a la versión premium? Según explica Lutz Emmerich, Country Manager de Spotify en España, en la actualidad el servicio cuenta, en los 15 países en los que están presentes, con “más de 10 millones de usuarios activos, de los cuales más de 3 millones son suscriptores de pago“.

En cuanto a la situación en España en particular, Emmerich asegura que, si bien no dan “cifras por países”, la situación no es diferente a la de otros lugares. “Los usuarios están encantados con nuestro producto, y estamos monetizando una audiencia que antes descargaba irregularmente y, por tanto, estamos retornando beneficios a la industria musical de nuevo”.

Esas son las claves principales entorno a las que parecen girar los argumentos de Spotify, bastante significativas en países como España en los que la práctica de las descargas ilegales está bastante extendida. Pero, por supuesto, una cosa es lo que dicen desde Spotify y otra lo que pueden opinar usuarios, artistas o discográficas. ¿Supone Spotify de verdad una fuente de ingresos tan buena para la industria musical?

Lo que dicen las discográficas

Que los sellos discográficos ya han aceptado que el mundo digital, con plataformas como iTunes Store o Spotify, es imprescindible en la actualidad es innegable. Tras las reticencias iniciales que pudieron mostrar sobre todo las discográficas más grandes, ahora es raro el sello que no ha pasado su catálogo a una de estas plataformas.

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Eso sí, desde la perspectiva de las discográficas, todo parece más rodeado de un espíritu de adaptación a los nuevos tiempos que de ese entusiasmo mostrado desde Spotify. “Hace tiempo que vimos que Internet y los cambios que había supuesto en los hábitos de consumo hacían inevitable adaptarse”, explica Marc, de Foehn Records. No obstante, aclara que “todavía no supone el volumen de negocio que era la venta física, ni nunca lo volverá a ser”.

Desde Mushroom Pillow coinciden con ese espíritu de adaptación. El director del sello musical, Marcos Collantes, indica que han estado en plataformas digitales “desde 2004″, porque son “una compañía del nuevo siglo y no tendría sentido no estar en estas plataformas que son la realidad y el futuro del mundo musical”.

Y la piratería, ¿qué?

Una de las grandes preguntas que plantean plataformas como Spotify, y especialmente si tienen modelo freemium, es si los usuarios están dispuestos a pagar por la música en un país con tanta “tradición” de descargas ilegales. Emmerich deja clara la posición oficial de Spotify como alternativa a la piratería con uno de los argumentos más utilizados: los usuarios están dispuestos a pagar si se les ofrece el modelo correcto.

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“Los fans no quieren actuar de forma ilegal”, explica Emmerich, “pero sí que quieren tener toda la música al alcance de sus manos y de manera sencilla y a un precio asequible”. ¿Cómo se puede conseguir esto? Creando “un producto mejor, que ofreciera aquello que los usuarios conseguían con la música pirata y mucho más, y que además compensara a las discográficas y los artistas”.

En las discográficas, por supuesto, la visión es algo menos entusiasta. Marc, de Foehn Records, explica que, en su opinión, “el enfoque se hizo mal desde un principio y la gente ya está mal acostumbrada”. Algo similar opina Marcos Collantes, de Mushroom Pillow, que indica que cree que “de momento” la gran mayoría no está “dispuesta a pagar”.

¿La solución? Collantes explica que “es papel de todos poner de la forma más fácil, asequible y accesible la música”. En cuanto al modelo, desde Foehn Records creen que al final “será más fácil intentar conseguir un modelo donde el beneficio lo generan más terceros”. Es decir, algo como la publicidad que utilizan los portales de streaming o la oferta de “material exclusivo y de mayor calidad a un precio atractivo”. Porque la realidad es la que es: “mientras la gente se pueda descargar todo siempre que quiera y cuando quiera, me parece muy complicado que el consumidor pague de buena voluntad”.

La promesa móvil

Una vez llegados a la conclusión de que, quizás las plataformas digitales de música tipo Spotify no vayan a lograr un milagro en la industria, pero que es el lugar en el que hay que estar; toca pensar en el futuro. Y un vistazo a las noticias de las últimas semanas muestra a un nuevo jugador interesado en el mundo del streaming: las operadoras móviles.

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Primero fue Yoigo: a finales de junio, alcanzaba un acuerdo con Spotify para ofrecer el servicio premium de música en streaming a los clientes de la operadora por 7 euros (más IVA) mensuales, 1,45 euros menos que lo pagado por los usuarios estándar de Spotify Premium.

El otro nuevo jugador es Movistar, cuyo propio Spotify, llamado Sonora, se estrenó hace apenas unos días en España: música en streaming con varias modalidades. La gratuita, limitada a 20 horas mensuales y con publicidad, la ilimitada, por 4,99 euros, y la móvil, 9,9 euros. Es decir, el mismo modelo que ofrece Spotify.

¿Por qué se han interesado de pronto las operadoras por el streaming de música? No es muy difícil encontrar una razón: si los usuarios escogen la opción móvil de los servicios, algo bastante probable, el tráfico de datos que consuman aumentará, provocando en muchos casos que contraten tarifas de datos de mayor volumen.

¿Llegarán algún día las plataformas de música digital a aportarle a la industria lo que en su día ganó gracias a los formatos físicos? ¿Aceptarán los usuarios que haya que pagar también por lo digital? Ya sea con modelos directos de compra de canciones como iTunes o streaming ilimitado como Spotify, o con modelos más indirectos como la publicidad, la respuesta hay que seguir buscándola en Internet. La industria musical parece estar empezando a convencerse.

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Censura contra el rock – MEMÓRIA DE LA REPRESIÓN CULTURAL en España

La adolescente del disco de Scorpions no fue tolerada. Un caso de censura tardía, practicada a finales de 1976.

Censura contra el rock Periódico

En un tiempo no muy lejano, el régimen político español tenía un profundo interés en proteger el oído y la vista de los ciudadanos de todo aquello que pudiera alterar su pureza espiritual. Los censores franquistas impidieron que muchos discos de rock pasaran los Pirineos en su versión original y aplicaron el bisturí a canciones e ilustraciones. Y no sólo eso: exhibieron una alta creatividad pintando bikinis donde no había, manipulando imágenes, escondiendo desnudeces, alusiones religiosas y referencias políticas, y sustituyendo llevadas a discreción. El periodista gallego Xavier Valiño pasa revista a esta galería de «abusos», como él los califica, en un libro frondoso, Veneno en dosis camufladas. La censura en los discos de pop-rock se presentó en la franquismo (Milenio). El ejercicio más exhaustivo practicado nunca sobre esta materia. Una obra profusamente ilustrada en la que Valiño ha trabajado durante años y que incluye abundante material extraído de las cloacas administrativas del régimen: documentos internos ministeriales y fichas de canciones con el sello de denegado. En la elaboración de la obra, que fue su tesis doctoral, Valiño asegura que se llevó alguna sorpresa. La más destacada, comprobar cómo el grueso de obras censuradas se concentra en la última década de franquismo, tras la ley de prensa de Manuel Fraga Iribarne, en 1966. «Es entonces cuando, en la música, la censura cobra más fuerza. En parte porque se publican más discos y la gente tiene más dinero para comprar ».

DOBLE FILTRO / El mecanismo censor dependía del Ministerio de Información y Turismo a través de dos direcciones generales, la de Cultura Popular y la de Radiodifusión y Televisión. Podía suceder que la edición de un disco fuera autorizada y que luego se impida la radiodifusión, lo que, en aquellos años, equivalía prácticamente a su muerte comercial. «A veces jugaban con ello: decían a la discográfica que podían editar el disco y luego no se radiaba, por lo que no llegaba a ninguna parte», apunta Valiño. A finales de los años 60, con el auge de la cultura pop, los diseños de los discos se hicieron más imaginativos y dejaron atrás la austera fotografía de los músicos con sus instrumentos. Esto explica también que la tarea censora se disparara a partir de ese momento y no diera el alcance en sus vetos, retoques y reinvenciones de portadas. Algunas, imaginativas y grotescas, convirtieron España en la meca de coleccionistas de rarezas.

DESPUÉS DE FRANCO / La desnudez fue su obsesión, pero también se mutilarondiseños que tenían referencias a la homosexualidad oa la religión. Contrariandoaquellos que se refieren al tardofranquismo como la dictablandaconviene apuntar que la censura se mantuvo activa no sólo hasta el final del régimen sino más allá, como atestiguan portadas como las de Virgin killer (Scorpions, 1976) y la tardía banda sonora de Emmanuelle (1978).
Pero, ¿quién era el brazo ejecutor de estas recreaciones pseudoartístiques?Funcionarios que procedían de la censura literaria ya quienes ofrecieron hacer horas extras con material discográfico. Como Eusebio Ceballos, lo único que Valiñoconsiguió localizar y entrevistar, y que no mostró ningún signo de arrepentimiento nide ridículo. «Él entendía lo que hizo como un trabajo más, sin darle ni restarle importanciaEra sólo un trabajador a quien ofrecieron hacer unas horas extras », dice el autor del libro, comprensivo con la rutinaria realidad profesional de personajes que sólo eran minúsculas piezas del engranaje.
¿Indicios de síndrome de Estocolmo«Es posible», concede Valiño«Pero nojustifico lo que hicieronSólo que, si no hubiera existido el régimen, ellos no habrían hecho nunca eso. En aquel momento estaban allí y les tocó ».

 Però, ¿qui era el braç executor d’aquestes recreacions pseudoartístiques? Funcionaris que procedien de la censura literària i a qui van oferir fer hores extres amb material discogràfic. Com Eusebio Ceballos, l’únic que Valiño va aconseguir localitzar i entrevistar, i que no va mostrar cap signe de penediment ni de ridícul. «Ell entenia el que va fer com una feina més, sense donar-hi ni treure-hi importància. Era només un treballador a qui van oferir fer unes hores extres», diu l’autor del llibre, comprensiu amb la rutinària realitat professional de personatges que només eren minúscules peces de l’engranatge.

¿Indicis de síndrome d’Estocolm? «És possible», concedeix Valiño. «Però no justifico el que van fer. Només que, si no hagués existit el règim, ells no haurien fet mai això. En aquell moment eren allà i els va tocar».

GALERÍA FOTOGRÁFICA

La imagen andrógina de David Bowie en el álbum ‘The man who sold the world’ fue suplida en España por un diseño inocuo.Censura contra el rock Periódico

El grupo neoyorquino Elephant ‘s Memory parodiaba a los apóstoles en su disco’ Angels forever ‘. La fotografía estuvo sustituida.

Censura contra el rock Periódico

La portada del disco de Eric Clapton, con una espalda y unas caderas desnudos, fue ‘tuneada’ por la censura.

Censura contra el rock Periódico

Una imaginativa creación de los censores: el culo de la antología de rock alemán, suplido por el de un elefante.

Censura contra el rock Periódico

El sencillo de ‘Je t’aime, moi non plus’ de Jane Birkin y Serge Gainsbourg, apareció con una foto más discreta .

Censura contra el rock Periódico

En la imagen del disco de Cohen, de un cuadro del siglo XVI, apareció un ala para tapar la desnudez.

Censura contra el rock Periódico

La foto del icónico grupo de glam-rock New York Dolls resultaba demasiado decadente y estridente.

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El póster incluido en ‘Quadrophenia (1973), de The Who, mostraba un dormitorio adolescente decorado con fotos de modelos desnudas. En la edición española (derecha), las chicas aparecieron con bikinis y sujetadores dibujados, uno por uno, por un censor minorista.

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