Ebooks, streaming y música digital, el futuro del entretenimiento

Películas, libros y canciones se adaptan a la creciente disponibilidad de internet y modifican su formato para hacer frente a un porvenir netamente digital, que constituirá una nueva forma de cotidianidad

Ebooks, streaming y música digital, el futuro del entretenimiento

Cuatro años en la era de internet pueden ser una eternidad.  Basta con mirar hacia atrás para comprobarlo: en 2008, por ejemplo, Facebook, actualmente con más de 900 millones de usuarios, contaba con 150 millones de “amigos”, según datos de NewsMedia Lab.

Del mismo modo, Twitter tenía unos 4.5 millones de seguidores, contra los 140 millones de hoy.

El mundo online se caracteriza por ser plástico, dúctil y, sobre todo, fluido, con una capacidad increíble de adaptación. Los cambios se suceden con rapidez y alcanzan a miles de millones de personas en distintos puntos del planeta.

A la flexibilidad del medio se suma la creciente facilidad con que las personas acceden a internet: ya no es necesario sentarse frente a una computadora para estar en línea. Con la explosión de dispositivos como tablets y smartphones, se puede estar online en cualquier momento o lugar.

El viaje en subte hasta la oficina es tan válido como el living de la casa para ponerse al día con esa serie que seguimos religiosamente, conocer el nuevo corte de nuestro artista favorito o leer las últimas páginas de la novela que nos mantuvo en vilo las últimas noches.

Internet y hábitos de usuarios se influencian de forma recíproca: los cambios en uno traen necesariamente cambios en el otro.

A la creciente disponibilidad del acceso a internet, junto con la aparición de distintos dispositivos desde los cuales estar online, como smartphones y tablets, se profundiza la inversión en internet y especialmente de internet móvil; consecuentemente, la mayor disponibilidad de internet crea cada vez más usuarios, a la vez que empuja el consumo de contenido online.

El futuro del entretenimiento es digital

Una de los desplazamientos más importantes a partir de la mayor penetración de internet es el que atraviesa la industria del entretenimiento. Libros, películas y música se fueron adaptando a las nuevas herramientas, pero debieron modificar profundamente sus estructuras y soportes en el camino.

En este sentido, el estudio Global Entertainment and Media Outlook 2012-2016 de la consultora PriceWaterhouse Cooper’s señala que se ha alcanzado “el fin de los comienzos digitales” en referencia a que el mundo digital ya superó la etapa de novedad y se convirtió en un elemento de la vida diaria.

Según datos de este trabajo, la inversión en el acceso a internet, tanto móvil como el tradicional, viene creciendo sostenidamente desde 2007, y se espera que lo siga haciendo en los cuatro próximos años. Se estima que para 2016, se invertirán alrededor de u$s493.000 millones en este sector.

La investigación asimismo remarca la explosión de la conectividad móvil favorecida por la variedad en la oferta de smartphones y la profunda penetración de estos dispositivos en los distintos mercados.

Las cifras confirman esta tendencia: en la Argentina, la cantidad de smartphones en uso creció 80% y alcanzó los 3.3 millones de dispositivos a fines de 2011.

Del mismo modo,en 2011, 40% del gasto global en acceso a internet correspondía a internet móvil y se espera que el número se duplique en los próximos cuatro años.

El rubro de entretenimiento no puede sino seguir estos pasos. Desde los últimos años, las industrias editorial, fílmica, musical han descansado fuertemente en las nuevas tecnologías e internet como fuente de divulgación y ventas.

Los ebooks se abren paso

En lo que al mercado de libros respecta, según las previsiones de PWC, la inversión total en la industria editorial en 2016, un 17.9% corresponderá a ebooks, una escalada pronunciada desde el 4.9% que representó en 2011. El mercado global totalizará casiu$s21.000 millones.

En los EEUU, por ejemplo, esta transición ya está en marcha: las cifras informadas por la Association of American Publishers (AAP) confirmaron que por primera vez, las ventas de libros digitales superaron a las de libros en papel de tapa dura.

En la Book Expo America, una de las ferias de libros más grandes del mundo se sintió el cambio inclusive en la disposición espacial de los stands. Mientras que años pasados eran grandes editoriales en papel las que ocupaban el centro de la escena, en la edición 2012 lo hicieron las editoriales de ebooks.

El desplazamiento físico constituye una metáfora para el deslizamiento que se da hacia dentro del rubro: “La gente se está dando cuenta de que las cosas se mueven hacia lo digital, y de que tienen que ajustarse a ello”, señaló en este sentido Tom Humphrey, dueño de Kobo, una empresa de ebooks canadienses.

Así, se espera que el mercado de libros digitales en los EEUU se cuadruplique hasta 2016, alcanzando un total de 12.900 millones de dólares.

La tendencia también se vio en la Feria del Libro 2012 en la Argentina, donde se dispuso un área especial para los libros digitales, Espacio Digital, del que participaron varias empresas y sitios que ofrecen la descarga de libros digitales.

El lema de la feria, “Un futuro con libros”, cobra así una nueva relevancia: el futuro de los libros es digital.

Adiós a los CD

Una suerte similar corre la industria musical, en la que PWC prevé que los servicios de streaming impulsen el crecimiento de la distribución digital de contenido, empujado por el creciente alcance de la banda ancha.

Así, se espera que la inversión en formatos digitales de música sobrepase a los tradicionales y alcance el 55% del mercado en 2016.

La industria de música digital también tendrá ayuda de las redes sociales, que contribuirán a la distribución en términos de descargas: el “boca a boca” constituye también un fenómeno de la era digital.

Por el contrario, la música física seguirá la tendencia bajista que ya viene registrando desde hace algunos años, ya que, señala PWC, el mercado de discos y CD se compone en la actualidad casi exclusivamente por amantes de los soportes tradicionales.

Para los fanáticos de la música digital, la tienda digital de Apple, iTunesllegó a Latinoamérica a fines de 2011, adelantándose a rivales como Google Play.

iTunes permite bajar álbumes y canciones, junto con películas y series. En su portal Latinoamérica, la tienda de Apple dedica una sección especial de artistas de la región.

Además, iTunes trajo a la Argentina iTunes Match, que permite guardar en la nube la música almacenada en la PC, para poder escucharla con mejor calidad de sonido en cualquier dispositivo de la marca.

Streaming, la nueva forma de disfrutar del cine y la tv

La industria del cine, por su parte, no será ajena al deslizamiento hacia el mundo digital.

El estudio de PWC prevé que para 2016, un 36% de los videos para ver en el hogar sean digitales. la cifra representa casi el doble respecto de 2011, cuando solo el 19% de los videos a ser consumidos en el hogar eran digitales.

Paralelamente, la inversión en formatos físicos caerá alrededor del 20% en los próximos cuatro años.

La industria crecerá en su variante digital, impulsada por servicios de streaming, como YouTube, y de video-on-demand. La disponibilidad de estas opciones a su vez favorecerá la accesibilidad a una creciente cantidad de contenidos. Este movimiento se enmarca en la variedad y cantidad de dispositivos que permiten reproducir películas o videos, como tablets, smartphones o televisiones conectadas a internet.

La tv se enfrenta a un panorama similar, ya que, según el estudio de PWC, el segmento seguirá su crecimiento, también en Latinoamérica.

La Argentina no es ajena a la tendencia. De acuerdo con datos de comScore, los argentinos consumieron un total de casi 1.5 millones de videos online en diciembre de 2011 y se ubicaron detrás de brasileños y mexicanos.

Los subtítulos automáticos que introdujo YouTube a mediados de este mes sin duda empujarán estas cifras hacia arriba, ya que se acortarán las distancias lingüísticas.

La consultora espera que las cifras de acceso a entretenimiento online crezcan conforme lo haga la disponibilidad de acceso a internet.

Por otro lado, el streaming de películas y series se consolida en la Argentina especialmente a partir del desembarco de Netflix en septiembre de 2011. Su catálogo de ofertas fue engrosándose paulatinamente, inclusive añadiendo secciones exclusivas para niños, de forma tal de poder ofrecer contenido para todos los paladares.

Sin embargo el informe señala a uno de los culpables de siempre en el freno del desarrollo del área: hacia 2016, la piratería aún constituirá un problema que la industria deberá resolver para continuar con su crecimiento.

BuscaBolos vía infobase

De la música a los libros: aprendiendo de los errores de otros

Rob Reid, el fundador de Rhapsody del que ya hablamos cuando expuso las alucinantes matemáticas del copyright en una TED Talk titulada “El iPod de los ocho mil millones de dólares“, escribe esta vez un fantástico artículo en Wall Street Journal titulado “What to do when attacked by pirates“, en el que cuenta cómo la actitud de la industria de la música con respecto a las descargas fue lo que, en realidad, dio lugar a la aparición de un mercado secundario, mientras que la industria editorial parece estar reaccionando de otra manera.

kindle

En efecto, la industria de la música manifestó desde el primer momento una actitud obstruccionista, como creyendo que podían detener el avance y la adopción de la tecnología, actitud que muchos directivos en esa industria todavía mantienen a día de hoy. El intento de detener los reproductores MP3 mediante demandas a los fabricantes o la negativa a licenciar musica para tiendas online fueron la manera perfecta de dar lugar a una demanda desatendida que, lógicamente, encontró otras maneras de hacer las cosas al margen de la industria. Mientras los clientes se volcaban hacia la red, la industria insistía en boicotearla completamente. Cinco años otorgando un monopolio de facto a plataformas al margen de la industria dan para el establecimiento de hábitos en los consumidores que posteriormente son muy, muy difíciles de borrar, y más si insistes en seguir siendo el enemigo de tus clientes.

En el mundo editorial, al menos en algunos mercados, las cosas han sido diferentes. El lanzamiento del Kindle fue el punto de inflexión: en el momento de su puesta en el mercado, podías encontrar alrededor del 90% del catálogo de best-sellers disponible para su formato. Obviamente, esto no ha impedido que aparezcan páginas de descarga irregulares al magen de la industria, pero sí ha servido para que, en gran medida, éstas no den lugar a un efecto real de canibalización sobre las ventas. Teniendo una alternativa cómoda, atractiva, sencilla y a un precio relativamente razonable, muchos usuarios optaron por seguir esa vía. No se trata de que la industria editorial no tenga problemas: demandas por fijación de precios, dominio fortísimo de Amazon, etc. pero al menos, como concluye el artículo, no puede decirse que la industria “optase por la auto-inmolación”.

En el fondo, se trata de observar los hábitos de los early-adopters y esforzarse por proporcionar una respuesta como industria en el momento en que dichos hábitos aparecen, sin esperar a que se conviertan en generalizados.

¿Ha sido la experiencia en España parecida a como la describe Rob Reid en su artículo del Wall Street journal? Por el momento, yo diría que no. Ni por disponibilidad de catálogo, ni por precios, ni por actitud. Y francamente, no sé que es más importante o qué condiciona más el futuro de la industria: si la falta de catálogo que lleva a los usuarios a buscar en la oferta irregular, si los precios tan solo un par de euros por debajo de la edición de papel que les hacen sentir que se les toma el pelo, o si Lara insultando a los usuarios de internet y reclamando que se les persiga con leyes más duras. Lo que sí sé seguro es que ninguna de las tres cosas es en absoluto positiva para la industria.

BuscaBolos vía Enrique Dans

Freemake Music Box, servicio legal de música en streaming

Freemake Music Box es una simple aplicación que nos permite una simple acción, hacer streaming de música y que a su vez esta sea legal por lo que no se compromete con la ley de ningún país y eso, a quienes nos importa, nos dejará tranquilos sabiendo que no estamos infringiendo ninguna legislación sea de cualquier país.

freemake 590x371 Freemake Music Box, servicio legal de música en streaming

Freemake Music Box cuenta con listas de reproducción, filtrado,reproductor integrado y que además nos da la seguridad de estar escuchando música que está publicada legalmente en Internet.

Cabe recordar que Freemake Music Box es totalmente gratuito y tiene planes futuros como la posibilidad de escuchar música desde un reproductor web dedicado, sincronizar playlists entre la versión web y la de escritorio, versiones para iPad y Android entre otras nuevas funciones en las que se encuentra trabajando la gente de Freemake.

Dos revistas juveniles dejan el quiosco: Ragazza y Star2

Ambas publicaciones fueron adquiridas por Nomoan Publicaciones en 2009.

El cierre de las ediciones impresas de ambas revistas se suma a la desaparición del quiosco de otros títulos dirigidos al mismo target en los dos úlitmos años. En 2009 desapareció Loka, editada por Bauer Ediciones. El pasado año lo hizo Super Pop (que sin embargo, mantiene su edición digital) y el pasado mes de febrero cerraba Nuevo Vale, esta última sin versión online.

Ragazza BuscaBolos

Ragazza y Star2 fueron adquiridas por Nomoan Publicaciones en 2009, tras el acuerdo alcanzado con Hearst Magazine (entonces Hachette Filipacchi), que había decidido dejar de editara estas cabeceras. Ragazza publicó su primer ejemplar en 1989.

BuscaBolos vía Dos nuevas revistas juveniles dejan el quiosco: Ragazza y Star2 – Noticia – Revistas – MediosyMarketing.es.

Cuando el Libro prescinde de Gutenberg

Los libros electrónicos van a provocar profundos cambios en la industria editorial. Los lectores tendrán más títulos para elegir, pues publicar y distribuir es mucho más fácil. Pero no es seguro que un catálogo casi infinito vaya a traer de hecho más variedad en las ventas.

Hace mucho que se puede leer sin papel, como es evidente en los periódicos; pero los libros digitales no empezaron a difundirse realmente hasta hace unos dos años. Ahora están en fase de crecimiento acelerado. En Estados Unidos, el mercado número uno del mundo, las ventas se multiplicaron por casi 14 en dos años, de modo que pasaron del 0,6% del total en 2008 al 6,4% en 2010, según la última edición de BookStats (el informe de la Asociación Americana de Editores). El periodo enero-mayo de 2011 fue el primero en que se vendieron más ejemplares electrónicos que de primeras ediciones en tapas duras. Amazon, la librería online más grande del mundo, desde el último trimestre de 2010 vende más libros sin papel que impresos.

Europa, con excepción de Gran Bretaña, lleva notable retraso. Pero ya nota también la eclosión del libro electrónico (ver Aceprensa, 20-10-2011). En España, las ventas alcanzaron el 2,3% del total en 2010, y este formato es el único que subió en un año de descenso general de las ventas (7,8% menos que en 2009). Una encuesta indica que los españoles que leen en un lector electrónico (Kindle o cualquier otro) se duplicaron en 2011, hasta el 2,7%; y podrían ser más, si todos los que tienen uno de esos aparatos lo usaran (ver Aceprensa, 20-02-2012).

Las cifras aún son bajas, pero la tendencia al alza es fuerte. En la última Feria de Fráncfort se dijo que en 2020, los libros electrónicos llegarían al 50% del mercado mundial, o al menos en los países desarrollados. Aunque la papelera de la historia está llena de profecías incumplidas, los precedentes de la prensa y de la música permiten suponer que los libros digitales cambiarán la industria de la edición. Los primeros síntomas ya son visibles.

Un catálogo inagotable

Para empezar, el libro electrónico suprime la necesidad del distribuidor y así deja mayor margen para la editorial y los otros participantes. También desaparecen los costos de impresión, almacenaje y devolución de invendidos. En los libros de papel hay que tomar la arriesgada decisión de fijar la tirada: pasarse es perder beneficios y cargar con ejemplares devueltos; quedarse corto supone perder ventas, y si se opta por una reimpresión, se vuelve a la casilla 1. La impresión por encargo no ha prosperado, pero el libro electrónico resuelve perfectamente el problema.

Así, los libros digitales pueden romper el dominio delbestseller y aumentar la variedad. Al no tener casi costos de almacenaje, se pueden mantener en catálogo cuantos títulos se quiera y resucitar los agotados. Ya no hay que obedecer la ley de las grandes superficies, que manda vender toda la tirada en cuatro semanas: aunque no sea un bestseller, un título se puede mantener en venta todo el tiempo que se quiera; tal vez, por darle más tiempo, se convierta en un longseller.

Hasta ahora los libros digitales no han satisfecho esas esperanzas. Desde luego, han hecho que aumente el catálogo. Sin embargo, en las ventas no hay tanta diversidad. Por Internet se pueden encontrar ediciones electrónicas de muchos libros raros que no existen ya impresos; pero pocos lectores buscan libros raros. Parece que se sigue cumpliendo lo que dice Murray: la gente compra principalmente los libros de los que tiene noticia o los que ve cuando va a una tienda. Y en las librerías online el escaparate no es tan amplio como en las de la calle.

El caso es que las ventas de libros electrónicos se concentran en los títulos populares. La semana pasada, los libros para el Kindle más vendidos en Amazon.com no deparaban sorpresas. A la cabeza figuraban las tres entregas de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, a los que Hollywood ha regalado una campaña publicitaria con el estreno de la versión cinematográfica. A continuación salían los típicos libros de literatura popular: muchos románticos, otros de autoayuda, novelas sencillas… Una lista similar a la debestsellers de papel en el mismo Amazon.com, si bien los tres primeros puestos eran para la trilogía eróticaFifty Shades, de E.L. James, seguida del libro de autoayuda The Laptop Millionaire; los de Suzanne Collins son el quinto, el sexto y el séptimo.

E-pulp fiction

Probablemente no cabía esperar otra cosa: ¿por qué losbestsellers digitales iban a ser distintos de los impresos? Aunque la edición digital da más oportunidades de satisfacción a los apasionados por la historia de los escitas o los incondicionales de Thomas Mann, la mayor parte de la clientela es gente común, que tampoco cambia de gustos cuando lee en una pantalla.

Ahora bien, hay otro dato no tan trivial. Según BookStats, en Estados Unidos las ventas de libros electrónicos han llegado al 6,4% de las totales, como se ha dicho arriba. Pero en un tipo, “ficción para adultos”, su cuota es casi doble: 13,6%. Y si se comparan formatos, se ve que los electrónicos son los que más crecieron de 2008 a 2010, y los impresos de bolsillo, los únicos que bajaron, y no poco: casi un 14% (los demás, tapas duras y tapas blandas, se quedaron prácticamente igual, con subidas en torno al 1%).

Entonces, tal vez los libros electrónicos refuercen, no contrarresten, el predominio del bestsellerThe Economist (10-09-2011) propone la hipótesis de que quitan inhibiciones: si usas un e-reader en el transporte público, los demás viajeros no sabrán si lees a Dostoievski o a Rosamunde Pilcher. Aparte de eso, da la impresión de que los libros electrónicos hacen la competencia a los de papel más baratos, y esto indica que en el incipiente mercado digital el precio es muy importante.

Pero ¿a cuánto se debe vender un libro electrónico? El público sabe juzgar, más o menos, el precio de un volumen impreso, según la extensión, la calidad del papel y la encuadernación, la presencia o ausencia de ilustraciones, la novedad. Es lógico pensar que un libro digital ha de ser más barato, por los menores costes de producción y distribución. Pero como la gente no puede hacer las cuentas, al principio no tiene puntos claros de referencia. Tenderá a tomar como criterio los primeros precios que le ofrezcan y a considerar excesivos los superiores al más bajo. Editoriales y minoristas harían bien en recordar lo que pasó con la música.

El aparato es el negocio

La difusión de música sin disco aumentó extraordinariamente gracias a Napster (más tarde, en 2001, cerrado por infracción del copyright). En cambio, la venta no arrancó con fuerza hasta que Apple abrió su tienda iTunes en 2003, para alimentar el fabulosamente popular iPod, puesto en el mercado menos de dos años antes. Por fin el público tenía un procedimiento para comprar cómodamente de un amplio catálogo. Apple convenció a las discográficas de que licenciaran su música para venderla a 99 centavos la pieza. El éxito fue fenomenal: hoy Apple sigue siendo el número uno en venta de música online, con casi el 70% del mercado en Estados Unidos y más de la cuarta parte del mundial.

Demasiado tarde las discográficas se percataron de que habían aceptado unos márgenes reducidos para engordar la criatura de Apple. Pues el negocio de verdad estaba en vender no la música, sino los iPod. Después de eso, ¿cómo convencer a la gente de que pague más? Ahora la tienda de iTunes ofrece canciones a tres precios: 0,69, 0,99 o 1,29 dólares (en Europa, las mismas cantidades en euros). Ha resultado un buen arreglo para los consumidores y para Apple, que ha servido ya más de 16.000 millones de piezas musicales en su tienda iTunes. En cambio, para la industria discográfica, el gran aumento de las ventas online no ha compensado el descenso de las de discos.

Con los libros electrónicos tenemos una historia similar. La venta no arrancó con fuerza hasta que Amazon lanzó su lector electrónico Kindle en 2007. Como en el caso de iTunes, la idea consiste en combinar un aparato con una tienda que surte productos digitales para disfrutar en él. También en este caso, el tendero y fabricante gana dinero principalmente con el artilugio, y está dispuesto a vender contenidos muy baratos para que mucha gente lo compre. A fin de ofrecer un amplio catálogo de títulos, Amazon cerró acuerdos con las editoriales por los que les dejaba poner el precio de los libros al por mayor, mientras Amazon se reservaba fijar el de venta al público. Puso, por lo general, 9,99 dólares, cantidad que en bastantes casos era inferior a lo que había pagado. En poco tiempo se hizo con el 90% del mercado del libro electrónico.

Las editoriales se arrepintieron pronto, al comprobar que estaban contribuyendo al dominio de Amazon mientras la gente se acostumbraba a pagar poco por los libros electrónicos. Apple vino en su ayuda. En 2010 sacó al mercado el iPad, que también sirve para leer libros, y ofreció a las principales editoriales otra clase de acuerdo: ellas pondrían el precio de venta al público y Apple se quedaría con una comisión fija, el 30%. Así, empezaron a vender libros electrónicos a 14,99 dólares por lo general, y Amazon tuvo que ceder. Ofreció a las grandes editoriales (no a las demás) un trato como el de Apple y por tanto, también en su tienda subieron los precios. La cuota de mercado de Amazon bajó al 60%, y su principal competidor, la cadena de librerías Barnes & Noble, que a finales de 2009 comenzó a ofrecer su propio e-reader, llamado Nook, se hizo con el 27%. En cambio, Apple –pese al descomunal éxito del iPad– vende poco, quizá porque para leer libros la gente prefiere aparatos específicos y más pequeños. Los Kindle son el 62% de los e-readers que se venden en Estados Unidos.

La Justicia contra Apple y las grandes editoriales

El acuerdo entre Apple y cinco de las seis grandes editoras mundiales (Hachette, HarperCollins, Macmillan, Penguin y Simon & Schuster) atrajo la atención del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Visto que habían fijado el mismo precio para la mayoría de los títulos en venta en la tienda de Apple, sospechó colusión para encarecer los libros, que de hecho se han asentado en unos 13-15 dólares. Tras una investigación, el 11 de abril presentó una demanda por prácticas contrarias a la competencia. Hachette, HarperCollins y Simon & Schuster prefirieron firmar un acuerdo extrajudicial por el que rompen su acuerdo con Apple y se comprometen a no hacer ninguno semejante con nadie durante dos años. Los demás acusados están dispuestos a ir a juicio. Apple y las mismas editoriales (menos Macmillan) son investigadas en la Unión Europea por el mismo motivo.

Amazon reaccionó anunciando que bajaría los precios. Pero su victoria no es tan clara entre los comentaristas. Muchos creen que el Departamento de Justicia ha errado el tiro, y que el verdadero malo de esta película es Amazon. La intervención contra Apple y las grandes editoriales, dicen, no es buena para los intereses de los consumidores a largo plazo, pues estos no son bien servidos con una bajada de precios si el resultado es entregarles a un cuasimonopolio. Es Amazon, no sus rivales, la amenaza a la libre competencia. Artículos aparecidos en estas pasadas semanas muestran cómo Amazon exprime a los editores independientes. Por ejemplo, quiso apretar las condiciones a IPG, distribuidora de muchos de ellos, y como esta rehusó, le retiró casi 5.000 títulos de la tienda online.

Hacen falta editores

Amazon no ha comentado directamente el caso. Un portavoz, Russell Grandinetti, había dicho que en el negocio del libro, los únicos realmente imprescindibles son el autor y el lector; los demás son intermediarios (cfr. The New York Times, 16-10-2011). En el contexto actual, tan modesta declaración alude, en el fondo, al cambio de tornas que suponen el libro electrónico y la venta online, que hacen menos imprescindibles a algunos intermediarios. Distribuidoras y libreros tienen nubarrones en el horizonte. Con menos puntos de venta, las editoriales se ven echadas en brazos de los grandes minoristas, físicos u online, con más poder para apretarles las tuercas.

Incluso ya se puede prescindir más fácilmente de ellas. En el libro eléctronico, la autoedición es una posibilidad real, no un eficaz método de perder dinero y terminar con casi toda la tirada pudriéndose en el garaje, después de haber regalado veinte o treinta ejemplares a los parientes y amigos. Amazon ofrece al autor que se edita fijar el precio de venta al público y quedarse con el 70% de las ventas. Eliminado el 43% de la editorial, el libro autoeditado puede venderse a bajo precio, y de hecho en Amazon los de ese tipo son de los más baratos, a tres dólares o menos.

La calidad de esos títulos es muy variable. Pero todo el mundo admite que también una editorial, incluso de las famosas, puede publicar libros infumables, aunque no hay unanimidad con respecto a los que entran en esa categoría. Los editores tienen una función importante –descubrir, alentar, seleccionar, hacer promoción–, y el nivel medio de los libros sería inferior sin ellos. De hecho, Amazon no considera superfluo al editor: la prueba es que se ha metido en el gremio creando sus propios sellos, seis hasta el momento, que producen libros en versiones tanto impresas como electrónicas.

Como es lógico, para entrar en la era digital, tendrán más facilidad las editoriales nacidas en ellas, que no arrastran las estructuras y costes exigidos por el clásico modo de publicar. Pero las tradicionales tendrán que adaptarse decididamente, sin caer en el error de las casas discográficas, que se empeñaron en resistir el cambio para seguir ordeñando la gran vaca del CD. Y para competir con la marea de literatura electrónica gratuita (no necesariamente pirata), tienen que pulir sus ediciones electrónicas y hacerlas transferibles entre distintos tipos de dispositivos. Si no, pueden acabar con el mismo problema que la industria de la música y la prensa, que han visto crecer extraordinariamente el consumo digital sin que ello les haya servido para resarcirse del descenso de los discos o del papel.

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