El Grupo PRISA compra el portal español de música Yes.fm

PRISA acaba de cerrar la compra de los activos de Yes.fm, portal español dedicado a la música en streaming. La operación permite a la editorial seguir desarrollando el negocio de la música online para competir con rivales como Spotify.

El grupo editorial ha cerrado la compra del primer portal español que apostó por la música de pago en streaming. En sus mejores momentos, Yes.fm llegó a tener un millón de usuarios únicos al mes y de hecho compró Hispamp3.com, una de las principales páginas de música y tecnología en nuestro país.

Detalles de la operación

Según ha podido saber este portal, la compañía estuvo a punto de venderse en varias ocasiones. Inicialmente, Fnac fue una de las empresas que estuvo interesada en la adquisición y de hecho lanzaron un servicio de marca blanca que nunca llegó a funcionar. Otra de las empresas interesadas fue Prisa aunque la operación se quedó estancada ya que Telefónica estuvo a punto de lanzar en varias ocasiones un servicio de música similar y la vinculación de ambas compañías hacía imposible el cierre de la operación.

A nivel económico no han trascendido números pero estimamos que la operación se ha cerrado en una cifra cercana a los 300.000 euros.

Hasta 3,5 millones de euros de inversión

Fuentes consultadas relacionadas con la operación han confirmado que Yes.fm llegó a invertir hasta 3,5 millones de euros para poner en marcha su servicio. La compra de derechos de autor para emitir canciones en streaming supuso una importante apuesta que no llegó a cuajar debido al lanzamiento de Spotify y la cultura de los usuarios que no estaban acostumbrados a pagar. Según nos explican, “cada canción que se reproduce se paga como un microalquiler a las discográficas  y aparte a la SGAE, sociedad que gestiona los derechos de la mayoría de los músicos”.

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Cultura acelera en agosto la lucha contra los sitios de enlaces a descargas

La aplicación de la llamada ‘Ley Sinde’ contra las páginas web de enlaces no descansa en verano. Y la ofensiva está ya dando sus primeros frutos, meses más tarde de aprobarse el reglamento que regula la retirada de contenidos y enlaces que, a juicio del Gobierno, facilitan la descarga de contenidos protegidos por derechos de autor sin autorización.

La Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual (CPI), cuyos miembros aún permanecen en el anonimato -todas las notificaciones aparecen firmadas exclusivamente por su presidenta,María Teresa Lizaranzu-, tiene abiertos una docena de casos abiertos que, recordemos, se inician a petición de los titulares de los derechos.

Fuentes de la Secretaría de Estado de Cultura confirmaron que de los 333 expedientes recibidos contra sus correspondientes sitios web hasta el momento, 305 recibieron requerimientos para que fueran subsanados errores y 243 han sido desestimados. Asimismo, ha habido acuerdo de inicio de tramitación de procedimiento en 12 casos, y hay enviadas hasta la fecha tres propuestas de resolución, todas en agosto.

Una vez recibidas las propuestas de resolución, las partes tienen un plazo de cinco días para aportar argumentos y, a continuación, la Comisión de la Propiedad Intelectual emite su resolución definitiva, que podría ser pedir a los servidores que corten el servicio a las páginas que no retiren los contenidos infractores.

Quejas

Algunos abogados que representan a los titulares de páginas web de descargas se quejan de un procedimiento que, tal y como se está aplicando, podría dejar en la “indefensión” a las partes implicadas. Tal es el caso de David Bravo, quien afirma que durante el mes de agosto la Sección Segunda ha evitado varias propuestas de resolución contra algunas páginas cuyos titulares él mismo representa.

Bravo, que afirma haber recibido unas seis notificaciones correspondientes a otros tantos sitios web -como Bajui o Tucinecom.com-, destaca que “durante el mes de agosto ha habido una gran actividad de notificaciones por parte de Cultura, después de que la Sección Segunda llevase un tiempo inquietantemente callada”.

El lunes pasado recibió una propuesta de resolución contra Tucinecom.com, y contra ella tiene cinco días de plazo para presentar alegaciones antes de la resolución final. En esta propuesta se solicita al prestador de servicios la retirada de contenidos en un plazo de 24 horas, y se da un plazo de 72 horas al sitio web de enlaces, como “intermediario”, para la retirada de dicho enlace.

Agosto

Otro abogado, Carlos Sánchez Almeida, confirma este incremento de actividad por parte de la Sección Segunda de la CPI en el mes de agosto.“Parece que están actuando en agosto, mes tradicionalmente de vacaciones, para acelerar las notificaciones”, comenta. De esta forma, por ejemplo, el sitio Quedelibros.com también ha recibido la propuesta de resolución de la Sección Segunda también el pasado lunes, 20 de agosto, a raíz de una solicitud de CEDRO.

Lo curioso de este caso es que en el expediente se afirma que las obras están alojadas en el sitio Linksole.com, que no es otra cosa que un acortador de URL, es decir, un servicio que automáticamente hace más cortos los enlaces o ‘links’. La propuesta de resolución exige la retirada en 24 horas de los contenidos notificados (varias obras como ‘La sombra del viento’ de Carlos Ruiz Zafón o ‘Veganza en Sevilla’, de Matilde Asensi, entre otras) de Linksole.com. A Quedelibros.com le da 72 horas para eliminar los enlaces a dichas obras.

“La verdad es que no sabemos quién recibe las alegaciones que enviamos en nombre de nuestros clientes, porque los componentes de la sección Segunda siguen siendo un misterio“, afirma Bravo, que sostiene la importancia de este extremo. “Desconocemos sin se trata de juristas o de técnicos que saben de lo que se trata”, comenta, y añade que las notificaciones “ignoran las aportaciones, los argumentos y las alegaciones de la defensa, repiten una y otra vez lo mismo”

Los miembros de la Sección Segunda

Recuerda Bravo además que sin conocer la identidad de los miembros de dicha Sección Segunda no puede plantearse la posibilidad de una recusación, tal y como la ley concede (art. 35 de la Ley 20/92), si se demuestra que alguno de ellos tiene intereses o relación con el mundo editorial o discográfico. “Tengo la sensación de que el procedimiento es una comparsa, que está todo decidido de antemano”, concluye.

En cualquier caso, Bravo recuerda que la verdadera prueba de fuego de la ‘Ley Sinde’ llegará cuando se dé el primer caso de un sitio cuyo contenido no sea alimentado por el ‘webmaster’ sino por una colectividad de usuarios, “como sucede en los foros o en los sitios tipo YouTube o Meneamé”. El procedimiento prevé, en caso de resolución contra el sitio web, que se eliminen los contenidos y enlaces infractores en el presente y en el futuro. “Controlar ‘a priori’ el comportamiento de los usuarios es imposible, tal y como ya reconocen el Supremo y el Tribunal de Justicia de la UE, así que a ver cómo encaja todo esto”, concluyó.

No sólo la Sección Segunda ha trabajado sin descanso bajo el sol de agosto. También el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), dependiente de la Secretaría de Estado de Cultura, ha actuado contra al menos dos sitios web de enlaces a descargas, Cinetube.es y SeriesPepito.com, contra las que se ha dictado -también en agosto- una propuesta de resolución con multas de 3.500 euros por falta leve al “no dar a conocer al público la calificación por grupo de edades de las películas que figuraban publicitadas en su menú por categorías”. La defensa recurrirá la multa de llegar ésta a imponerse.

“Está claro que hay una decisión política para pisar el acelerador en verano”, comentó Sánchez Alermida. “Estamos hablando de expedientes que en algunos casos datan de enero”.

Archivo por retirada voluntaria

Por otro lado, la Sección Segunda ha archivado definitivamente tres de los procedimientos iniciados hasta el momento debido a la retirada voluntaria del material que infringía los derechos de propiedad intelectual, confirman desde Cultura.

Uno de estos casos archivados es el procedimiento abierto a Vagos.es, comunicado el 21 de agosto, debido al cierre voluntario de este sitio. Los responsables del popular sitio, que cerró en junio sus forostras la notificación de Cultura, trasladaron sus contenidos al buscador Zasca.com. Es previsible que otros casos similares, como CineTube -que también ha eliminado enlaces- vean también sus casos resueltos de igual manera.

BuscaBolos vía El Mundo

Bruselas quiere impulsar la venta de música digital con una normativa común

  • La CE apuesta por medidas concretas como la creación de licencias multiterritoriales de explotación de derechos.
  • El objetivo es promover la distribución legal de las obras audiovisuales a través de Internet, y en especial, de la música.
  • La creación de reglas armonizadas en la UE para todas las entidades de gestión afectaría a unas 250 sociedades europeas de derechos de autor.

Comisión Europea (CE) ha propuestoun marco normativo común para la explotación de los derechos de autor en la UE, con objeto de promover la distribución legal de las obras audiovisuales a través de Internet, y en especial, de la música.

La CE apuesta por medidas concretas como la creación de licencias multiterritoriales de explotación de derechos —válidas para varios Estados miembros o para los Veintisiete— o el establecimiento de normas de transparencia para todas las sociedades colectivas de gestión de la UE.

Estos son algunos de los puntos principales de la propuesta legislativa destinada a aumentar la oferta legal de obras audiovisuales en la UE, solucionar la fragmentación del mercado común debida a las diferentes leyes nacionales y mejorar el funcionamiento de las sociedades de derechos de autor.

“El objetivo es que la propiedad intelectual se adapte a su época, y esta es la del mercado único, de los derechos de autor y de Internet”, afirmó el comisario europeo de Mercado Interior, Michel Barnier, al presentar la directiva en rueda de prensa.

El objetivo es que la propiedad intelectual se adapte a su época, la del mercado único, los derechos de autor e Internet La “explosión” de la música en línea ha provocado que las sociedades de derechos de autor “deban replantearse su papel”, dijo Barnier, quien señaló que antes la función principal de estas entidades era “comprar, proteger y vender” los derechos de autor. “Hoy, como por ejemplo hace iTunes, a la hora de vender una pieza musical en Internet en la UE, es necesario obtener los derechos de autor en 27 países diferentes. Eso es lo que es necesario modificar”, destacó el comisario europeo.

Para ello, Bruselas propone la creación de reglas armonizadas en la UE para todas las entidades de gestión colectiva de derechos en los sectores de la música, audiovisual y editorial, que afectarían a unas 250 sociedades europeas de derechos de autor.

En primer lugar, la normativa común obligaría a todas las entidades de gestión colectiva de derechos a publicar “informes anuales de transparencia”, en los que deberían informar sobre “todos los datos clave” de su gestión, señaló Barnier. Uno de los problemas subyacentes que impide la modernización del sector es “la insuficiente transparencia” de estas sociedades colectivas, subraya la CE en un comunicado, que también destaca la necesidad de “más eficacia” en la colecta y distribución de ingresos derivados de los derechos de autor.

La propuesta también contempla reforzar el papel de los creadores, para garantizar que estos participen en la toma de decisiones de las sociedades y que tienen la posibilidad de elegir libremente la entidad que les representará.

Otra importante novedad —y específica para el sector musical— son las “licencias multiterritoriales de derechos para la distribución en línea”, que ofrecerían la “seguridad jurídica” necesaria para la explotación legal de obras de este tipo a través de Internet, según Barnier. Este tipo de licencias se utilizarían tanto para los servicios de descarga de música como para escucharla a través de streaming (reproducción en línea).

Según la propuesta, los países deberán establecer “autoridades competentes” encargadas de vigilar que las sociedades de derechos de autor ofrecen licencias de este tipo y cumplen la normativa comunitaria. “Proponemos un contrato en el que todas las partes salen ganando, tanto las sociedades de derechos de autor como las empresas,los creadores y los usuarios”, afirmó el comisario europeo.

Las sociedades de gestión colectiva de derechos de la UE facturan cada año 6.000 millones de euros (unos 7.356 millones de dólares) , y la mayor parte de esta cantidad se reparte entre 70 de las aproximadamente 250 entidades de este tipo registradas en los Veintisiete.

Más del 80% de este montante se deriva de creaciones musicales, según datos de la Comisión.

La propuesta legislativa deberá ahora recibir el visto bueno de los Veintisiete y del Parlamento Europeo.

BuscaBolos vía 20minutos

De la música a los libros: aprendiendo de los errores de otros

Rob Reid, el fundador de Rhapsody del que ya hablamos cuando expuso las alucinantes matemáticas del copyright en una TED Talk titulada “El iPod de los ocho mil millones de dólares“, escribe esta vez un fantástico artículo en Wall Street Journal titulado “What to do when attacked by pirates“, en el que cuenta cómo la actitud de la industria de la música con respecto a las descargas fue lo que, en realidad, dio lugar a la aparición de un mercado secundario, mientras que la industria editorial parece estar reaccionando de otra manera.

kindle

En efecto, la industria de la música manifestó desde el primer momento una actitud obstruccionista, como creyendo que podían detener el avance y la adopción de la tecnología, actitud que muchos directivos en esa industria todavía mantienen a día de hoy. El intento de detener los reproductores MP3 mediante demandas a los fabricantes o la negativa a licenciar musica para tiendas online fueron la manera perfecta de dar lugar a una demanda desatendida que, lógicamente, encontró otras maneras de hacer las cosas al margen de la industria. Mientras los clientes se volcaban hacia la red, la industria insistía en boicotearla completamente. Cinco años otorgando un monopolio de facto a plataformas al margen de la industria dan para el establecimiento de hábitos en los consumidores que posteriormente son muy, muy difíciles de borrar, y más si insistes en seguir siendo el enemigo de tus clientes.

En el mundo editorial, al menos en algunos mercados, las cosas han sido diferentes. El lanzamiento del Kindle fue el punto de inflexión: en el momento de su puesta en el mercado, podías encontrar alrededor del 90% del catálogo de best-sellers disponible para su formato. Obviamente, esto no ha impedido que aparezcan páginas de descarga irregulares al magen de la industria, pero sí ha servido para que, en gran medida, éstas no den lugar a un efecto real de canibalización sobre las ventas. Teniendo una alternativa cómoda, atractiva, sencilla y a un precio relativamente razonable, muchos usuarios optaron por seguir esa vía. No se trata de que la industria editorial no tenga problemas: demandas por fijación de precios, dominio fortísimo de Amazon, etc. pero al menos, como concluye el artículo, no puede decirse que la industria “optase por la auto-inmolación”.

En el fondo, se trata de observar los hábitos de los early-adopters y esforzarse por proporcionar una respuesta como industria en el momento en que dichos hábitos aparecen, sin esperar a que se conviertan en generalizados.

¿Ha sido la experiencia en España parecida a como la describe Rob Reid en su artículo del Wall Street journal? Por el momento, yo diría que no. Ni por disponibilidad de catálogo, ni por precios, ni por actitud. Y francamente, no sé que es más importante o qué condiciona más el futuro de la industria: si la falta de catálogo que lleva a los usuarios a buscar en la oferta irregular, si los precios tan solo un par de euros por debajo de la edición de papel que les hacen sentir que se les toma el pelo, o si Lara insultando a los usuarios de internet y reclamando que se les persiga con leyes más duras. Lo que sí sé seguro es que ninguna de las tres cosas es en absoluto positiva para la industria.

BuscaBolos vía Enrique Dans

Cuando el Libro prescinde de Gutenberg

Los libros electrónicos van a provocar profundos cambios en la industria editorial. Los lectores tendrán más títulos para elegir, pues publicar y distribuir es mucho más fácil. Pero no es seguro que un catálogo casi infinito vaya a traer de hecho más variedad en las ventas.

Hace mucho que se puede leer sin papel, como es evidente en los periódicos; pero los libros digitales no empezaron a difundirse realmente hasta hace unos dos años. Ahora están en fase de crecimiento acelerado. En Estados Unidos, el mercado número uno del mundo, las ventas se multiplicaron por casi 14 en dos años, de modo que pasaron del 0,6% del total en 2008 al 6,4% en 2010, según la última edición de BookStats (el informe de la Asociación Americana de Editores). El periodo enero-mayo de 2011 fue el primero en que se vendieron más ejemplares electrónicos que de primeras ediciones en tapas duras. Amazon, la librería online más grande del mundo, desde el último trimestre de 2010 vende más libros sin papel que impresos.

Europa, con excepción de Gran Bretaña, lleva notable retraso. Pero ya nota también la eclosión del libro electrónico (ver Aceprensa, 20-10-2011). En España, las ventas alcanzaron el 2,3% del total en 2010, y este formato es el único que subió en un año de descenso general de las ventas (7,8% menos que en 2009). Una encuesta indica que los españoles que leen en un lector electrónico (Kindle o cualquier otro) se duplicaron en 2011, hasta el 2,7%; y podrían ser más, si todos los que tienen uno de esos aparatos lo usaran (ver Aceprensa, 20-02-2012).

Las cifras aún son bajas, pero la tendencia al alza es fuerte. En la última Feria de Fráncfort se dijo que en 2020, los libros electrónicos llegarían al 50% del mercado mundial, o al menos en los países desarrollados. Aunque la papelera de la historia está llena de profecías incumplidas, los precedentes de la prensa y de la música permiten suponer que los libros digitales cambiarán la industria de la edición. Los primeros síntomas ya son visibles.

Un catálogo inagotable

Para empezar, el libro electrónico suprime la necesidad del distribuidor y así deja mayor margen para la editorial y los otros participantes. También desaparecen los costos de impresión, almacenaje y devolución de invendidos. En los libros de papel hay que tomar la arriesgada decisión de fijar la tirada: pasarse es perder beneficios y cargar con ejemplares devueltos; quedarse corto supone perder ventas, y si se opta por una reimpresión, se vuelve a la casilla 1. La impresión por encargo no ha prosperado, pero el libro electrónico resuelve perfectamente el problema.

Así, los libros digitales pueden romper el dominio delbestseller y aumentar la variedad. Al no tener casi costos de almacenaje, se pueden mantener en catálogo cuantos títulos se quiera y resucitar los agotados. Ya no hay que obedecer la ley de las grandes superficies, que manda vender toda la tirada en cuatro semanas: aunque no sea un bestseller, un título se puede mantener en venta todo el tiempo que se quiera; tal vez, por darle más tiempo, se convierta en un longseller.

Hasta ahora los libros digitales no han satisfecho esas esperanzas. Desde luego, han hecho que aumente el catálogo. Sin embargo, en las ventas no hay tanta diversidad. Por Internet se pueden encontrar ediciones electrónicas de muchos libros raros que no existen ya impresos; pero pocos lectores buscan libros raros. Parece que se sigue cumpliendo lo que dice Murray: la gente compra principalmente los libros de los que tiene noticia o los que ve cuando va a una tienda. Y en las librerías online el escaparate no es tan amplio como en las de la calle.

El caso es que las ventas de libros electrónicos se concentran en los títulos populares. La semana pasada, los libros para el Kindle más vendidos en Amazon.com no deparaban sorpresas. A la cabeza figuraban las tres entregas de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, a los que Hollywood ha regalado una campaña publicitaria con el estreno de la versión cinematográfica. A continuación salían los típicos libros de literatura popular: muchos románticos, otros de autoayuda, novelas sencillas… Una lista similar a la debestsellers de papel en el mismo Amazon.com, si bien los tres primeros puestos eran para la trilogía eróticaFifty Shades, de E.L. James, seguida del libro de autoayuda The Laptop Millionaire; los de Suzanne Collins son el quinto, el sexto y el séptimo.

E-pulp fiction

Probablemente no cabía esperar otra cosa: ¿por qué losbestsellers digitales iban a ser distintos de los impresos? Aunque la edición digital da más oportunidades de satisfacción a los apasionados por la historia de los escitas o los incondicionales de Thomas Mann, la mayor parte de la clientela es gente común, que tampoco cambia de gustos cuando lee en una pantalla.

Ahora bien, hay otro dato no tan trivial. Según BookStats, en Estados Unidos las ventas de libros electrónicos han llegado al 6,4% de las totales, como se ha dicho arriba. Pero en un tipo, “ficción para adultos”, su cuota es casi doble: 13,6%. Y si se comparan formatos, se ve que los electrónicos son los que más crecieron de 2008 a 2010, y los impresos de bolsillo, los únicos que bajaron, y no poco: casi un 14% (los demás, tapas duras y tapas blandas, se quedaron prácticamente igual, con subidas en torno al 1%).

Entonces, tal vez los libros electrónicos refuercen, no contrarresten, el predominio del bestsellerThe Economist (10-09-2011) propone la hipótesis de que quitan inhibiciones: si usas un e-reader en el transporte público, los demás viajeros no sabrán si lees a Dostoievski o a Rosamunde Pilcher. Aparte de eso, da la impresión de que los libros electrónicos hacen la competencia a los de papel más baratos, y esto indica que en el incipiente mercado digital el precio es muy importante.

Pero ¿a cuánto se debe vender un libro electrónico? El público sabe juzgar, más o menos, el precio de un volumen impreso, según la extensión, la calidad del papel y la encuadernación, la presencia o ausencia de ilustraciones, la novedad. Es lógico pensar que un libro digital ha de ser más barato, por los menores costes de producción y distribución. Pero como la gente no puede hacer las cuentas, al principio no tiene puntos claros de referencia. Tenderá a tomar como criterio los primeros precios que le ofrezcan y a considerar excesivos los superiores al más bajo. Editoriales y minoristas harían bien en recordar lo que pasó con la música.

El aparato es el negocio

La difusión de música sin disco aumentó extraordinariamente gracias a Napster (más tarde, en 2001, cerrado por infracción del copyright). En cambio, la venta no arrancó con fuerza hasta que Apple abrió su tienda iTunes en 2003, para alimentar el fabulosamente popular iPod, puesto en el mercado menos de dos años antes. Por fin el público tenía un procedimiento para comprar cómodamente de un amplio catálogo. Apple convenció a las discográficas de que licenciaran su música para venderla a 99 centavos la pieza. El éxito fue fenomenal: hoy Apple sigue siendo el número uno en venta de música online, con casi el 70% del mercado en Estados Unidos y más de la cuarta parte del mundial.

Demasiado tarde las discográficas se percataron de que habían aceptado unos márgenes reducidos para engordar la criatura de Apple. Pues el negocio de verdad estaba en vender no la música, sino los iPod. Después de eso, ¿cómo convencer a la gente de que pague más? Ahora la tienda de iTunes ofrece canciones a tres precios: 0,69, 0,99 o 1,29 dólares (en Europa, las mismas cantidades en euros). Ha resultado un buen arreglo para los consumidores y para Apple, que ha servido ya más de 16.000 millones de piezas musicales en su tienda iTunes. En cambio, para la industria discográfica, el gran aumento de las ventas online no ha compensado el descenso de las de discos.

Con los libros electrónicos tenemos una historia similar. La venta no arrancó con fuerza hasta que Amazon lanzó su lector electrónico Kindle en 2007. Como en el caso de iTunes, la idea consiste en combinar un aparato con una tienda que surte productos digitales para disfrutar en él. También en este caso, el tendero y fabricante gana dinero principalmente con el artilugio, y está dispuesto a vender contenidos muy baratos para que mucha gente lo compre. A fin de ofrecer un amplio catálogo de títulos, Amazon cerró acuerdos con las editoriales por los que les dejaba poner el precio de los libros al por mayor, mientras Amazon se reservaba fijar el de venta al público. Puso, por lo general, 9,99 dólares, cantidad que en bastantes casos era inferior a lo que había pagado. En poco tiempo se hizo con el 90% del mercado del libro electrónico.

Las editoriales se arrepintieron pronto, al comprobar que estaban contribuyendo al dominio de Amazon mientras la gente se acostumbraba a pagar poco por los libros electrónicos. Apple vino en su ayuda. En 2010 sacó al mercado el iPad, que también sirve para leer libros, y ofreció a las principales editoriales otra clase de acuerdo: ellas pondrían el precio de venta al público y Apple se quedaría con una comisión fija, el 30%. Así, empezaron a vender libros electrónicos a 14,99 dólares por lo general, y Amazon tuvo que ceder. Ofreció a las grandes editoriales (no a las demás) un trato como el de Apple y por tanto, también en su tienda subieron los precios. La cuota de mercado de Amazon bajó al 60%, y su principal competidor, la cadena de librerías Barnes & Noble, que a finales de 2009 comenzó a ofrecer su propio e-reader, llamado Nook, se hizo con el 27%. En cambio, Apple –pese al descomunal éxito del iPad– vende poco, quizá porque para leer libros la gente prefiere aparatos específicos y más pequeños. Los Kindle son el 62% de los e-readers que se venden en Estados Unidos.

La Justicia contra Apple y las grandes editoriales

El acuerdo entre Apple y cinco de las seis grandes editoras mundiales (Hachette, HarperCollins, Macmillan, Penguin y Simon & Schuster) atrajo la atención del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Visto que habían fijado el mismo precio para la mayoría de los títulos en venta en la tienda de Apple, sospechó colusión para encarecer los libros, que de hecho se han asentado en unos 13-15 dólares. Tras una investigación, el 11 de abril presentó una demanda por prácticas contrarias a la competencia. Hachette, HarperCollins y Simon & Schuster prefirieron firmar un acuerdo extrajudicial por el que rompen su acuerdo con Apple y se comprometen a no hacer ninguno semejante con nadie durante dos años. Los demás acusados están dispuestos a ir a juicio. Apple y las mismas editoriales (menos Macmillan) son investigadas en la Unión Europea por el mismo motivo.

Amazon reaccionó anunciando que bajaría los precios. Pero su victoria no es tan clara entre los comentaristas. Muchos creen que el Departamento de Justicia ha errado el tiro, y que el verdadero malo de esta película es Amazon. La intervención contra Apple y las grandes editoriales, dicen, no es buena para los intereses de los consumidores a largo plazo, pues estos no son bien servidos con una bajada de precios si el resultado es entregarles a un cuasimonopolio. Es Amazon, no sus rivales, la amenaza a la libre competencia. Artículos aparecidos en estas pasadas semanas muestran cómo Amazon exprime a los editores independientes. Por ejemplo, quiso apretar las condiciones a IPG, distribuidora de muchos de ellos, y como esta rehusó, le retiró casi 5.000 títulos de la tienda online.

Hacen falta editores

Amazon no ha comentado directamente el caso. Un portavoz, Russell Grandinetti, había dicho que en el negocio del libro, los únicos realmente imprescindibles son el autor y el lector; los demás son intermediarios (cfr. The New York Times, 16-10-2011). En el contexto actual, tan modesta declaración alude, en el fondo, al cambio de tornas que suponen el libro electrónico y la venta online, que hacen menos imprescindibles a algunos intermediarios. Distribuidoras y libreros tienen nubarrones en el horizonte. Con menos puntos de venta, las editoriales se ven echadas en brazos de los grandes minoristas, físicos u online, con más poder para apretarles las tuercas.

Incluso ya se puede prescindir más fácilmente de ellas. En el libro eléctronico, la autoedición es una posibilidad real, no un eficaz método de perder dinero y terminar con casi toda la tirada pudriéndose en el garaje, después de haber regalado veinte o treinta ejemplares a los parientes y amigos. Amazon ofrece al autor que se edita fijar el precio de venta al público y quedarse con el 70% de las ventas. Eliminado el 43% de la editorial, el libro autoeditado puede venderse a bajo precio, y de hecho en Amazon los de ese tipo son de los más baratos, a tres dólares o menos.

La calidad de esos títulos es muy variable. Pero todo el mundo admite que también una editorial, incluso de las famosas, puede publicar libros infumables, aunque no hay unanimidad con respecto a los que entran en esa categoría. Los editores tienen una función importante –descubrir, alentar, seleccionar, hacer promoción–, y el nivel medio de los libros sería inferior sin ellos. De hecho, Amazon no considera superfluo al editor: la prueba es que se ha metido en el gremio creando sus propios sellos, seis hasta el momento, que producen libros en versiones tanto impresas como electrónicas.

Como es lógico, para entrar en la era digital, tendrán más facilidad las editoriales nacidas en ellas, que no arrastran las estructuras y costes exigidos por el clásico modo de publicar. Pero las tradicionales tendrán que adaptarse decididamente, sin caer en el error de las casas discográficas, que se empeñaron en resistir el cambio para seguir ordeñando la gran vaca del CD. Y para competir con la marea de literatura electrónica gratuita (no necesariamente pirata), tienen que pulir sus ediciones electrónicas y hacerlas transferibles entre distintos tipos de dispositivos. Si no, pueden acabar con el mismo problema que la industria de la música y la prensa, que han visto crecer extraordinariamente el consumo digital sin que ello les haya servido para resarcirse del descenso de los discos o del papel.

BuscaBolos vía RAFAEL SERRANO Cuando el libro prescinde de Gutenberg

La competencia necesita protección

Según algunos editores y autores, el gobierno de los Estados Unidos quiere entregar a Amazon el monopolio sobre el mercado del libro: La demanda sobre el modelo de precio fijo en contra de Apple y los editores más importantes del país, presentada por el Departamento de Justicia la semana pasada, dará vía libre a Amazon para ofrecer grandes descuentos en el creciente nuevo mercado de los eBooks (libros electrónicos), y haría quebrar a librerías físicas y editoriales, eliminando el lucrativo negocio de la tinta sobre el papel.

vía La competencia necesita protección.